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¿WINDOWS 10 GRATIS?

Microsoft confirmó esta semana todas las sospechas y trajo una noticia que pocos usuarios podrían calificar como mala: Windows 10, su novísima edición del sistema operativo más usado en el mercado doméstico, será gratis para quienes ya tengan instalado las versiones anteriores: Windows 7 o Windows 8.1. La opinión entre los fabricantes será seguramente bien distinta.

 La única condición para beneficiarse de esta especie de oferta será que los consumidores se pasen a la décima versión durante el primer año tras el lanzamiento. A cambio, serán sus propietarios para siempre y a todos los efectos.

Quienes lleguen tarde a estas particulares rebajas, y quienes compren un ordenador nuevo, deberán en cambio pagar por el sistema como siempre ha ocurrido.

Objetivo: popularizar Windows 10

Esta arriesgada apuesta, como la califica Gavin Clarke en The Register, es resultado de la ansiedad que tiene Microsoft por asegurarse los ingresos en los próximos años.

Animando a los usuarios a pasarse a la última versión, la compañía de Redmond no sólo sube al carro de su tienda de aplicaciones (mercado en el que va muy por detrás de Google o Apple) a los propietarios de Windows 7, sino que además intenta generalizar la adopción de Windows 10.

Con el sistema asentado, los de Redmond podrán  concentrarse en ganar dinero con su negocio tradicional -la venta de licencias- y con el que pretenden que sea su futuro -los servicios de suscripción como Office 365-.

El objetivo estratégico es, por tanto, garantizar que no se repite el fiasco de la versión 8. Teniendo en cuenta el largo ciclo de vida de los sistemas que desarrolla, un segundo batacazo comercial no sólo sería desastroso para la cuenta de ingresos, sino que además podría dejar un enorme hueco que fuese aprovechado por los competidores.

Menos PCs, menos rentables

Al otro extremo de la cadena de distribución, sin embargo, los fabricantes de PCs no tienen demasiados motivos para estar contentos.

Puesto que Microsoft ha invitado a usuarios de una versión tan antigua como 7 (que ya tiene seis años de antigüedad) a usar Windows 10, se da por hecho que ésta no tendrá grandes requerimientos técnicos. Eso implica alargar el ciclo de vida del PC para quienes disponen de un PC que aún funciona razonablemente bien.

Y para quienes necesiten cambiar de ordenador, eso supone que no necesitarán comprar máquinas excesivamente potentes, aquellas en las que los fabricantes obtienen mayor margen.

Este doble efecto impactará en los fabricantes, tradicionales e inseparables compañeros de Microsoft en la distribución de Windows, que venderán menos ordenadores, y menos rentables.

El peligro de romper el mercado

La política, que podría traducirse como vender menos hoy para vender más mañana, implica un gran riesgo para ambas partes, con Microsoft sometiéndose a una agresiva dieta mientras deja a sus aliados sin mucho más remedio que aguantar el tipo.

Todos ellos renuncian a millones en ingresos, pero además se juegan el propio mercado: si Windows 10 se regala, los consumidores podrían descubrir que un sistema operativo no tiene por qué costar dinero, algo que ya ocurre en los sistemas de código abierto basados en Linux como Ubuntu o Linux Mint, gratuitos y totalmente funcionales para el mercado doméstico.

Y todo ello con el objetivo de mantener un modelo de negocio que funcionó en los últimos años, pero cuyo futuro no podría ser más dudoso. La maniobra es, en suma, tan complicada, que muchos se preguntan si no será en realidad el primer paso para convertir todo Windows en un servicio de suscripción o incluso freemium.

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